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sábado, 10 de agosto de 2013

Rich and Strange (1931)


Hitchcock lleva a cabo su sexta incursión en el sonoro, durante su etapa británica, con esta cinta de título shakespeareano: una pareja de pequeño-burgueses heredan repentinamente todo el dinero que necesitan para abandonar las frustraciones diarias de la jornada laboral y la vida sedentaria, y se embarcan --literalmente-- en unas privilegiadas vacaciones alrededor del mundo. Ella, habituada a la sumisión y empequeñecida por su marido, descubrirá su verdadera fuerza interior y el verdadero amor (o el romántico, al menos); él, inevitablemente antipático (y cobarde en el fondo), caerá en la telaraña de una exótica --morena-- femme fatale, quien demasiado fácilmente le revelará (a él, a su esposa y a todos) what a fool he is. Comedia dramática y ligera, cómica y grave, acertadamente escrita por Alma Reville; acaso sirve para conocer, como en un antiguo negativo fotográfico rescatado de un naufragio, otra faceta de la actitud personal ante la dinámica entre los sexos del genio inglés.

jueves, 9 de agosto de 2012

Topaz (1969)


Inicialmente novelada por el autor de Exodus, esta intriga internacional en el pico de la Guerra Fría tenía casi todos los ingredientes para devolver a un decadente Mago del Suspense a su forma ideal; sin embargo, resultó su mayor fracaso a la fecha. En realidad, se trata de una producción malograda por la indecisión (Hitchcock filmó hasta tres finales, ninguno de los cuales fue satisfactorio) y la reacomodación de un estilo profundamente individual, que encontró la gloria en la edad de oro de los grandes estudios, a los nuevos vientos industriales y las nuevas olas artísticas. Una buena película, que, contrastada con lo mejor de una de las más grandes carreras del cine, ha sido injustamente vapuleada y obsequiada con una reputación por debajo de su auténtica calidad; es al menos tan buena como su predecesora Torn Curtain (1966), si no mejor.

sábado, 30 de julio de 2011

Los detractores de Hitchcock nunca vieron esto...



...De otro modo, las escandalizadas y escandalizantes objeciones a la idea de que el cineasta fuese un verdadero artista jamás habrían tenido lugar. (¡Sí, tal absurdo existió en algún lugar del tiempo!) En The Skin Game (1931), el gran Hitch elabora toda una disección del capitalismo inglés en tan sólo poco más de una hora de metraje --77 minutos, precisamente. Como Renoir y La règle du jeu (1939), la cámara descubre un juego sucio y unas reglas que hay que utilizar limpiamente (al revés de las personas). Todo un testimonio de que el sabio suspense de su autor no servía simplemente para echar a rodar macguffins. La intensa interpretación de Edmund Gwenn (en la escena al lado de la bella Phyllis Konstam como su nuera) es un elemento clave del sólido drama que se desarrolla y un recordatorio de las magníficas actuaciones que abundan en una filmografía tan esencial.