domingo, 15 de septiembre de 2013

Election (1999)

Tracy Flick Can't Lose

Probablemente todavía la mejor película de Alexander Payne, Election es (por supuesto) una de las mejores cintas realizadas dentro de cualquier género en los renovadores 1990s. Comedia puntillosa sobre la inexorabilidad del destino --o de, más bien, una mala suerte de tragedia griega--, el retrato que traza de todo un paisaje moral y social en el Oeste Medio americano --a través de diversos puntos de vista narrativos y un color local vuelto universal-- gira alrededor de una secundaria, su profesor estrella (brillante Matthew Broderick) y la plaga de éste, el arquetipo encarnado de todas las niñas estudiosas-y-arribistas habidas y por haber: la insoportable y encantadora a partes iguales Tracy Flick (brillantísima Reese Witherspoon), cuya rica complejidad abraza en la misma medida la soledad del éxito y las recompensas de la ambición. Como un Edipo renuente, el personaje de Broderick verá cómo su felicidad personal y profesional se desvanece progresivamente al casual contacto con la pequeña y extrañamente admirable arpía, en esta celebrada producción de la MTV que nadie debería dejar de revisitar.

jueves, 22 de agosto de 2013

Películas para no dormir: Regreso a Moira (TV) (2006)

Competentes actores para un producto que se queda en promesa

La imaginación de Mateo Gil, artífice de las primeras tramas macabras de Alejandro Amenábar y director de aquella estimable opera prima que fue Nadie conoce a nadie (1999), se pone al servicio de una película televisiva (episodio de un a su vez frustrado esfuerzo de revivir las míticas Historias para no dormir de Narciso Ibáñez Serrador) que no satisface plenamente el potencial de su premisa, y, no obstante, demuestra el buen oficio de su creador para el género, incluyendo momentos de cierta belleza. Un amor imposible como tantos (protagonizado por los perfectamente elegidos Juan José Ballesta y Natalia Millán, esta última especialmente a la altura de sus requerimientos dramáticos) define el conflicto central de una historia de brujas con apuntes surrealistas que, es de lamentar, los recursos técnicos y las decisiones plásticas del caso terminan evitando llegue a mejor puerto. De todos modos, se trata de una pieza de horror bastante decente en su modestia y brevedad, sin llegar a ser una obra lograda ni mucho menos.

sábado, 10 de agosto de 2013

Rich and Strange (1931)


Hitchcock lleva a cabo su sexta incursión en el sonoro, durante su etapa británica, con esta cinta de título shakespeareano: una pareja de pequeño-burgueses heredan repentinamente todo el dinero que necesitan para abandonar las frustraciones diarias de la jornada laboral y la vida sedentaria, y se embarcan --literalmente-- en unas privilegiadas vacaciones alrededor del mundo. Ella, habituada a la sumisión y empequeñecida por su marido, descubrirá su verdadera fuerza interior y el verdadero amor (o el romántico, al menos); él, inevitablemente antipático (y cobarde en el fondo), caerá en la telaraña de una exótica --morena-- femme fatale, quien demasiado fácilmente le revelará (a él, a su esposa y a todos) what a fool he is. Comedia dramática y ligera, cómica y grave, acertadamente escrita por Alma Reville; acaso sirve para conocer, como en un antiguo negativo fotográfico rescatado de un naufragio, otra faceta de la actitud personal ante la dinámica entre los sexos del genio inglés.

viernes, 26 de julio de 2013

Les pel·lícules del meu pare (2007)


Protagonizado por la sensual Karme Málaga, este sorprendente ejercicio metalingüístico resulta muy interesante, sobre todo cuando se halla en el centro de una virtual autobiografía ficticia post-mortem, a través de la cual Augusto M. Torres reconstruye una estética propia a la vez que se reafirma en su libertario aliento. Filmada entre el documental y el melodrama erótico, la película es un laxo juego de simetría dialéctica, cuyo exquisito diseño (no exento de puntuales errores o desencuentros que no podemos dejar de lamentar) sirve además para un comentario sobre la necesaria conservación de la herencia cinematográfica de la península --por si fuera poco. Se trata, en suma, de un título cuya inquietante poética, unas veces a lo Lewis Carroll y otras a lo Nabokov, se desliza demasiado infrecuentemente entre la inteligencia empañada de unos fotogramas que no terminan de encontrar su verdadero destino, pero que en su mejor momento --la técnica especular, los diversos materiales de archivo, la abstracción misteriosa y eterna-- bastan para reconfigurar la filosofía del productor de la legendaria Arrebato (1980) y su imaginería de sensacionalismo latente pero legítima (y ocasionalmente fascinante) sensibilidad plástica.

domingo, 7 de julio de 2013

Gun Fury (1953)


Ésta, probablemente una de las más entretenidas y satisfactorias historias del Oeste dirigidas por Raoul Walsh, fue también una de las producciones que consolidaron la reputación de Rock Hudson como un actor confiable, de respetable (si debatible, al menos todavía entonces) registro. Aquí como luego en Giant (1956), la épica que supuso su consagración definitiva absoluta, desarrolla, aunque con trazos muchísimo más gruesos, el papel de un joven y muy próspero ranchero, pero con las tendencias pacifistas de Gregory Peck en The Big Country (1958); hacia el final de la cinta, su perfil se complicará y lo emparentará con los antihéroes del género encarnados por un crepuscular Jimmy Stewart en tantas colaboraciones con Anthony Mann. Pronto a contraer matrimonio con Donna Reed, caen ambos en las garras de Frank Slayton, un cuatrero supuestamente más infame que Jesse James o Billy the Kid. La incesante acción de esta auténtica (empero ajustada) pieza moral y psicológica es fotografiada por Walsh en un estilo directo que extrae la poesía inherente al western, y el guión escrito a cuatro manos remarca la excelencia de tal pureza y simplicidad. Observen el sumamente plausible subtexto homoerótico entre el traicionero Phil Carey (Slayton) y su lugarteniente Leo Gordon, y a Lee Marvin, por aquellos días brillantísimo secundario, en otro perfecto desempeño de zafio heavy.

   

sábado, 25 de mayo de 2013

The Strange Woman (1946)


Esta película gótica fue dirigida por Edgar G. Ulmer, uno de los mejores realizadores de cine B de Hollywood, con su estilo característico, una combinación romántica de atmósferas malsanas y expresionistas pinceladas que perfilaron títulos tan importantes como Detour (1945) o aparentemente absurdos como The Man from Planet X (1951). Y en el caso que nos ocupa, los resultados son igualmente singulares. Como la mala mujer de la historia --el título es un eufemismo paradójicamente verbalizado en una flamígera prédica condenatoria--, Hedy Lamarr es un arquetipo de carne y hueso (hasta el tuétano) en propio blanco y negro: su perfidia brota de cada uno de sus movimientos, ajando y desfigurando una belleza estática que no engaña al espectador atento a tantas malas vibraciones. La acción transcurre a inicios del XIX en un pequeño puerto de Nueva Inglaterra, y la esquizofrenia social de esta víbora transparente y, siempre fiel al tipo, estéril, es el menor indicio de la humanidad que tiñe no sólo su conducta, sino también el carácter de sus víctimas (entre ellas un patético Louis Hayward y un jovencísimo y moral George Sanders, casi irreconocible sin sus apostillas wildescas a flor de labios). Se trata de otra valiosa contribución de Ulmer al film noir --un noir de época como Rebecca--, y de una femme fatale si no precisamente hermosa sí bastante interesante según los términos que hemos señalado.

miércoles, 8 de mayo de 2013

The Bad Mother’s Handbook (TV 2007)

Holly Grainger y Rob Pattinson

Este film de la televisión británica adapta un supuesto best-seller internacional en una comedia feminista, con la adopción, el aborto y tres generaciones de mujeres (la “mala” madre del título, pero también su adolescente hija y la senil abuela de ésta) entre sus asuntos primordiales. Alguna cumplida actuación (ninguna de Robert Pattinson, por cierto, ya casi en el umbral del megaestrellato gracias a Stephenie Meyer y Catherine Hardwicke), un guión bienintencionado (y ocasionalmente decente) y la bastante pueril dirección (que, no obstante, consigue momentos de humor y de gravedad dramática), caracterizan a una producción un tanto desconcertante en su banalidad formal.