En este espectacular thriller de Louis Leterrier, un grupo de ilusionistas llamados The Four Horsemen llevan a cabo asombrosos shows de la mayor escala en Las Vegas y otras ciudades notorias y notables, a cual más desconcertante e ilegal. Como una sombra quizá aun más inexplicable, The Eye, una sociedad iniciática de orígenes legendarios, pondrá a prueba la disposición lógica del FBI, ya tras las aparentemente delictivas proezas del cuarteto. Por supuesto, no se trata de The X Files, porque Now You See Me se esfuerza mucho más en lo impresionante de los efectos de la prestidigitación (comprendiendo, por cierto, también la de la cámara y el soporte fílmico) que en desentrañar honestamente esa dimensión que define a la magia como algo sobrenatural sin serlo; el corte parcialmente racionalista de la película, en este sentido, limita su acabado mismo, aunque técnicamente se puede afirmar que es un producto no sólo aventajado sino primoroso. A esto contribuyen las actuaciones de un reparto de primera y la grandilocuencia emocional del soundtrack; de hecho, Leterrier logra aquí la épica de superhéroes que su desdramatizada versión de The Incredible Hulk (2008) no fue, creando un The Avengers (2012) sui géneris y propio de un subgénero tan afín al cine y su naturaleza de artificio, como lo habían demostrado poco antes el influyente Christopher Nolan y The Prestige (2006) o, si nos distendemos para incluir además sus filosóficas relaciones con el crimen menos metafísico, Bryan Singer y The Usual Suspects (1995) --y, en el apartado histriónico de los tahúres de antaño, un título como A Big Hand for the Little Lady (1966). A destacar a Mélanie Laurent, la vengativa Shoshanna Dreyfus de Inglourious Basterds (2009), e Isla Fisher, esa inevitablemente agradable combinación de Amy Adams y Nikki Reed que conocimos en Wedding Crashers (2005), como las damas en los bandos contrarios de esta divertida fantasía escénica, literalmente escapista. ****/*****
domingo, 9 de febrero de 2014
miércoles, 1 de enero de 2014
Margaret (2011)
J. Smith-Cameron y Anna Paquin
Rodada en 2005 y estrenada seis años después a causa de conflictos creativos en su posproducción, la obra que estamos comentando fue escrita y dirigida por Kenneth Lonergan con suma habilidad para equilibrar los retos cinemáticos y humanísticos de su empresa. En la ciudad de New York un absurdo accidente de tráfico transformará por entero la vida de una muy inteligente y atractiva (pero vana y cruelmente egocéntrica) adolescente. Ésta, interpretada en toda su compleja urdimbre por una inmensa Anna Paquin, es la heroína de una historia que no se preocupa en ningún momento por perder a su audiencia debido a la mezquindad inevitable que el personaje exhibe de muchos modos pese a tener que resistir el foco de la atención de un espectador que poco a poco aprende a rechazar sus defectos como a, con paciencia, advertir el arco invisible que parece prometer una eventual redención que tal vez nunca se asome al ecran. La cruzada que Paquin emprenderá contra el chófer de ómnibus (un esporádico Mark Ruffalo, otrora genial protagonista en You Can Count On Me, también de Lonergan) tratará de servir a una autorredención diferente, honda aunque narcisista, llena de un vacío existencial tan desesperado como el que embarga a su madre actriz (un rol adecuadamente en manos de la igualmente admirable J. Smith-Cameron), la víctima principal de esta verdadera jornada desde el desamor y la indiferencia hacia la luz de la comunicación y el entendimiento --si el lector de esta nota mantiene cruzados los dedos. Película recomendable, pues, que brilla tanto en su escritura como en su dramatización fotográfica, consiguiendo un retrato singularmente realista, sin ser pedestre, de la vida. También notables en el nutrido y sólido reparto son Jeannie Berlin y un Matthew Broderick ya para siempre Mr. McAllister.
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martes, 10 de diciembre de 2013
Arráncame la vida (2008)
El mayor y la menor: "Andrés" y "Catín", protagonistas del drama de la Historia
Lejos del melodrama fácil y trivial que su título de bolero de Agustín Lara podría sugerir, la adaptación del clásico de Ángeles Mastretta que nos ocupa es una sólida producción de época, con notables interpretaciones (el admirable Daniel Giménez Cacho y la sorprendente Ana Claudia Talancón) y la fotografía a cargo del maestro Javier Aguirresarobe. Tales virtudes no obstante, la épica trama de violenta corrupción política y turbia maduración personal ambientada durante los cacicazgos posteriores a la Revolución Mexicana adolece de una cierta irregularidad dramática (ese inestable, folletinesco idilio con el director de orquesta) y, en general, de un academicismo (a veces aun torpe: véase los iniciales encuentros repetitivos de Giménez Cacho y Talancón al amparo de un umbral idéntico en el mismo lado izquierdo del encuadre, una estéril simetría) que resta vuelo al conjunto (por debajo de las 2 horas de metraje). Por lo demás, la narrativa que se despliega desde la mirada íntima de la feminista heroína de Mastretta --una niña-mujer que en su rebeldía evoca la poesía de Pina Pellicer y la empatía de García Márquez, y hasta la influencia de Scarlett O'Hara-- se sigue con intriga y fruición. (Isela Vega es la gitana que decide su destino sexual, primero, y años después, sin proponérselo, su negra viudez.)
lunes, 18 de noviembre de 2013
El vampiro (1957)
Ariadna Welter y Guillermo Álvarez Bianchi
Esta popular incursión del actor y productor Abel Salazar causó una cierta revolución en el género de horror aun más allá de las fronteras mexicanas; de hecho, el titular (y contenidamente rijoso) Germán Robles puede haber sido el primer chupasangre colmilludo de la historia del cine --sí, antes que el mismísimo Christopher Lee, al parecer--; pero, desde su estreno hasta estas fechas, la más o menos maquillada y disfrazada versión de Dracula que estamos comentando no ha dejado de envejecer, apergaminando sus fotogramas sobre la torpeza (definitiva) de una concepción/ejecución no exenta de instantes potencialmente inquietantes. Aparte algún que otro susto innegablemente efectivo, la peripecia gótica de una caperucita redundantemente virginal (Welter, la beata novia virgen de Archibaldo de la Cruz) de visita en la ya asolada propiedad de su anciana tía ofrece la disyuntiva de un par de lobos (el donjuanesco Salazar siendo el real, que el Conde se esconde en el bosque de la doncella), la cruel belleza de una fantasmal Carmen Montejo en lascivia enlutada, y un sentido del humor y una sensación de intriga gratos mientras duran... y si el espectador se apresta a vadear el tópico y el ridículo en pos de un encanto más secreto que discreto.
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domingo, 15 de septiembre de 2013
Election (1999)
Tracy Flick Can't Lose
Probablemente todavía la mejor película de Alexander Payne, Election es (por supuesto) una de las mejores cintas realizadas dentro de cualquier género en los renovadores 1990s. Comedia puntillosa sobre la inexorabilidad del destino --o de, más bien, una mala suerte de tragedia griega--, el retrato que traza de todo un paisaje moral y social en el Oeste Medio americano --a través de diversos puntos de vista narrativos y un color local vuelto universal-- gira alrededor de una secundaria, su profesor estrella (brillante Matthew Broderick) y la plaga de éste, el arquetipo encarnado de todas las niñas estudiosas-y-arribistas habidas y por haber: la insoportable y encantadora a partes iguales Tracy Flick (brillantísima Reese Witherspoon), cuya rica complejidad abraza en la misma medida la soledad del éxito y las recompensas de la ambición. Como un Edipo renuente, el personaje de Broderick verá cómo su felicidad personal y profesional se desvanece progresivamente al casual contacto con la pequeña y extrañamente admirable arpía, en esta celebrada producción de la MTV que nadie debería dejar de revisitar.
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jueves, 22 de agosto de 2013
Películas para no dormir: Regreso a Moira (TV) (2006)
Competentes actores para un producto que se queda en promesa
La imaginación de Mateo Gil, artífice de las primeras tramas
macabras de Alejandro Amenábar y director de aquella estimable opera prima que
fue Nadie conoce a nadie (1999), se pone al servicio de una película televisiva (episodio de un a su vez frustrado esfuerzo de revivir las míticas Historias para no dormir de Narciso Ibáñez Serrador) que no
satisface plenamente el potencial de su premisa, y, no obstante, demuestra el
buen oficio de su creador para el género, incluyendo momentos de cierta belleza. Un amor
imposible como tantos (protagonizado por los perfectamente elegidos Juan José
Ballesta y Natalia Millán, esta última especialmente a la altura de sus requerimientos dramáticos)
define el conflicto central de una historia de brujas con apuntes surrealistas
que, es de lamentar, los recursos técnicos y las decisiones plásticas del caso
terminan evitando llegue a mejor puerto. De todos modos, se trata de una pieza
de horror bastante decente en su modestia y brevedad, sin llegar a ser una obra
lograda ni mucho menos.
sábado, 10 de agosto de 2013
Rich and Strange (1931)
Hitchcock lleva a cabo su sexta incursión en
el sonoro, durante su etapa británica, con esta cinta de título shakespeareano:
una pareja de pequeño-burgueses heredan repentinamente todo el dinero que
necesitan para abandonar las frustraciones diarias de la jornada laboral y la
vida sedentaria, y se embarcan --literalmente-- en unas privilegiadas vacaciones
alrededor del mundo. Ella, habituada a la sumisión y empequeñecida por su
marido, descubrirá su verdadera fuerza interior y el verdadero amor (o el
romántico, al menos); él, inevitablemente antipático (y cobarde en el fondo),
caerá en la telaraña de una exótica --morena-- femme fatale, quien demasiado
fácilmente le revelará (a él, a su esposa y a todos) what a fool he is. Comedia
dramática y ligera, cómica y grave, acertadamente escrita por Alma Reville; acaso
sirve para conocer, como en un antiguo negativo fotográfico rescatado de un
naufragio, otra faceta de la actitud personal ante la dinámica entre los sexos
del genio inglés.
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