lunes, 13 de abril de 2015

De Zoe a Zooey: What If (2013)


La adorable Zoe Kazan, insistiendo en su faceta más superficialmente atractiva pero en serio peligro de ser estereotipada para siempre, y Daniel “Harry Potter” Radcliffe interpretan (con talento indiscutible pese a todo) a dos jovenzuelos con muchas dudas acerca de su amistad, una relación manida de ésas en las que las chispas saltan inmediata y casi imperceptiblemente, y el destino hace el resto… aunque se tome su tiempo. (Por supuesto, no hay en la materia misma de What If nada de la magia o de lo extraordinario del amor a primera vista, tal cual se puede observar en, por ejemplo, el encuentro fatal entre Jude Law y la Natalie Portman veterana en las lides lolitescas de Closer, realizada por Mike Nichols, el director de The Graduate, fallecido el año pasado.) La irregular cinta, finalmente leve como la mariposa animada que representa a Kazan (una actriz aquí todavía algo confundida: mitad reticente heredera de su imprescindible abuelo, mitad aplicada alumna en la escuela Deschanel), posee cierto huidizo, frágil encanto --aparte de su héroe un punto a lo Ben Braddock y una lindísima émula posmoderna de la princesa Buttercup, el guión abusa de la escatología aunque tiene instantes ingeniosos, la puesta en escena es convencional pero de apariencia lujosa para un título “independiente”, el soundtrack limitado y a veces agradable en sumo grado-- que, lamentablemente, se extravía más temprano que tarde entre los lugares tópicos de la comedia romántica. 3/5

lunes, 2 de marzo de 2015

Total Eclipse (1995)


Basada en la pieza dramática de Christopher Hampton sobre la tormentosa relación entre Rimbaud y Verlaine, esta interesante película dirigida por Agnieszka Holland fue estrenada por estos lares con el título de Vidas al límite, para evitar cualquier confusión con otra valiosa pero totalmente diferente cinta, el thriller Dolores Claiborne, dirigido por Taylor Hackford, basado en una novela de Stephen King y bautizado en castellano como Eclipse total --además de estrenado originalmente el mismo año. Volviendo al asunto que nos ocupa, la co-producción franco-británica-belga conducida con característica habilidad por la realizadora polaca de To Kill a PriestCopying Beethoven ofreció una incontestable muestra de su capacidad para ilustrar escenarios histórico-sociales matizados por una progresiva vena humanista: en este caso, la acertada ambientación de la vida de dos de los padres de la poesía moderna, teatralizada por el notable guionista de Dangerous Liaisons (1988), encuentra sin duda su duradero epicentro en las interpretaciones inolvidables de David Thewlis (recientemente visto en The Theory of Everything) en el rol de Paul Verlaine y, especialmente, Leonardo DiCaprio en el del genial Arthur Rimbaud; que si Thewlis además se asemeja físicamente a su modelo, el entonces adolescente DiCaprio sigue siendo, mirado retrospectivamente, el actor ideal para encarnar a un enfant terrible donde los haya habido, todo un monstruo de la literatura. Si el retrato de Verlaine resulta repugnante pero finalmente patético en su violencia marital y masoquismo existencial --comprensible particularmente su enamoramiento y dependencia del poeta vidente--, la leyenda de Rimbaud halla en este filme, que hurga en los orígenes humanos de la lírica imperecedera, más razones de perplejidad y anonadamiento --algo que no es necesariamente un defecto, pues tal vez los genios no deberían ser jamás comprendidos. 4/5

La directora Agnieszka Holland y sus actores protagonistas

martes, 3 de febrero de 2015

Mr. & Mrs. Smith (2005)


En esta espectacular comedia de acción, Brad Pitt y Angelina Jolie Voight son muy codiciados sicarios que trabajan para diferentes empleadores. Cuando se conocen, las chispas sexuales inmediatamente saltan al inusitado extremo del idilio y, oh tabú de la profesión entre rivales, el matrimonio --por otra parte, lo que se espera que suceda entre Brad y Angelina, quienes se conocieron en el rodaje, casi flamantes marido y mujer al pergeñar esta nota. El problema entre el rudo John y la sofisticada Jane: al cabo de cinco o seis años de relación, todavía ignoran qué es lo que el otro/la otra realmente hace para ganarse el sustento; el descubrirlo podría costarles no sólo el amor, sino también la vida. Se trata de una satisfactoria metáfora, con un par de superestrellas protagonistas ideales --cuyo oficio es incuestionable, juntos y por separado-- que logran trascender la momentánea diversión de sobremesa. 4/5

lunes, 12 de enero de 2015

Peggy Sue Got Married (1986)


Un conmovedor e íntimo viaje en el tiempo es lo que propone el director de The Godfather en esta película estelarizada por una sublime Kathleen Turner. Lejos de las espectaculares características originadas en la ciencia-ficción de Back to the Future (1985), se trata de una experiencia cinematográfica en la cual el pasado se torna suficientemente elástico y se estira dentro de unos cuantos segundos, una segunda oportunidad que transforma la vida al menos virtualmente y deshace cierta esencia trágica de nuestra existencia en espejos oníricos donde el reflejo invertido del yo es más sabio o menos irreflexivo sin dejar de ser humano. Así es que Turner regresa a la escuela, a su familia, a su noviazgo con Nicolas Cage (también en una de sus mejores interpretaciones) y a sus ilusiones de adolescente, no con el cinismo de quien ya vivió el futuro, sino con una consideración insustituible de lo precioso que es el presente. El soundtrack combina al líricamente emotivo John Barry con bandas post-Elvis (en el servicio militar) y pre-Beatles como Fabian o Dion & The Belmonts. Además de los excelentes protagonistas, en el reparto podemos reconocer, entre otros, a Jim Carrey, Maureen O’Sullivan, John Carradine y el subestimado Barry Miller, uno de los actores clave de los ‘70s. En fin, se trata sin duda de un logrado film de época y de aquel subgénero tan venido a menos hoy como es el de las women movies --se podría decir que Peggy Sue representa en la carrera de Coppola lo que Alice Doesn’t Live Here Anymore en la de Scorsese. 4/5



viernes, 28 de noviembre de 2014

Cantinflas (2014)


A Roberto Gómez Bolaños

En esta nota enfrentamos un fracaso a la vez lamentable y valioso, porque la biografía de una de las figuras culturales más significativas de México e Hispanoamérica ha inspirado una mediocridad innegablemente emotiva, un filme muy irregular y demasiado fallido que, sin embargo, aquí y allá y de pronto, parece contener algo asombrosamente recóndito extraído del alma de su protagonista. Igual que el intérprete de Gainsbourg (Vie héroïque) --otra equivalente oportunidad perdida que, valgan verdades, era mucho menos representativa de la vivencia humana de su héroe que la suficientemente realista cinta que estamos comentando--, Óscar Jaenada, el galardonado actor español que tantos repudiaron a priori como el elegido para encarnar a Mario Moreno, es la clave de la inesperada verdad que encontramos en este rumbo epidérmico aunque bienintencionado, irresistible en su errática nostalgia. Es la suya una meritoria labor, y la razón principal por la cual Cantinflas funciona en medio de sus tropiezos, desaciertos y mezquindades --pero no la única razón. Pese a todo --Around the World in Eighty Days (1956) no es en realidad la cima de su carrera, la realización de Sebastián del Amo abusa de planos de relleno como los que muestran una y otra y otra vez las reacciones del público, el melodrama obviamente telenovelesco y la caricatura tan mala que resulta olvidable cunden por cada metro de película--, Cantinflas es el merecido objeto de un oportuno aplauso y recuerdo (a más de 100 años de su nacimiento), abundante en ecos del Art Deco, de las biopics tipo Citizen Kane, de los cameos inventados por Mike Todd en toda una procesión del glamour del cine clásico mexicano --pero hay que ver a esa irreconocible María Félix, por no mencionar a nadie más! Un homenaje, insistimos, que finalmente conmueve y promueve la revisión de una obra genial como pocas. 3/5

 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Maps to the Stars (2014)


En su primer film rodado en los Estados Unidos, David Cronenberg lleva a cabo una radiografía moral de Tinseltown en la misma vena sin concesiones de un género que puede jactarse de algunas de las más honestas producciones del cine, desde Sunset Boulevard hasta Mulholland Drive. El elenco de Maps to the Stars es, adecuadamente, casi una constelación de la escena contemporánea: Robert Pattinson (el protagonista de Cosmopolis) es un chofer de limusinas que transporta a (la excelente) Mia Wasikowska, una desfigurada muchacha que llega a ver las estrellas, pero también a sus padres, John Cusack (un terapeuta de los ricos y famosos, además de, acaso, uno de los peores progenitores concebidos para el ecran) y Olivia Wilde, y a su hermano menor, Evan Bird, insoportable producto de la fama a la Disney Channel; la madura Julianne Moore, entretanto, es una actriz tipo Sinatra iniciando los 50 cuyo clamor por un From Here to Eternity propio la enfrenta, inevitablemente, con el fantasma de una madre abusiva e incestuosa y mucho más célebre que su atormentada hija. De hecho, este mapa a las estrellas del vano olimpo hollywoodiense es una cartografía más viva que el ambiente deshumanizado, arquitectónicamente perfecto, en el cual se basa, un cementerio donde los recuerdos más profundamente traumáticos y la crueldad más demencial e íntima hacen su tonante lugar callado, susurrante, su miserable reino en llamas. 4/5

sábado, 8 de noviembre de 2014

Annabelle (2014)


Ya que James Wan (autor de la prototípica Dead Silence) es algo así como el Christopher Nolan del género de horror contemporáneo, no puede extrañarnos que haya querido ofrecernos una génesis, un origen, un Conjuring Begins. Por otro lado, más despistados que de costumbre, muchos críticos profesionales han errado la marca: la exitosa película de la muñequita diabólica no es “menos buena”, sino diferente. La titilantemente atmosférica Annabelle es un digno (si un tanto modesto) ejemplo del style-over-substance consagrado por maestros como Mario Bava o el Roger Corman del ciclo Poe (in a kingdom by the sea), y su abanico de referentes --desde Rosemary’s Baby (su contextualización junto con los crímenes de Charles Manson incluida) hasta The Omen, para mencionar solamente el filón del Anticristo-- no la convierte en un pastiche frustrado, más bien en otra muestra --como, en otro género, aquel recordado, kubrickiano Birth, de Jonathan Glazer-- de las aún ricas posibilidades imaginativas del celuloide. 3/5