jueves, 24 de enero de 2013

Quantum of Solace (2008)

Olga Kurylenko y Daniel Craig en Bregenz, Austria

Daniel Craig es un soberbio y singular 007, y en la continuación de su físicamente invencible pero trágicamente vulnerable versión creada en la renovadora Casino Royale, su sed de venganza y demás secuelas emocionales amenazan seriamente con sabotear la nueva misión del servicio de inteligencia británico. Lo acompaña la hermosa Olga Kurylenko, como la agente a su vez tras los pasos de un dictador latinoamericano en tratos con un criminal francés de cuidado. Marc Forster dirige una sofisticada pieza del cine de acción, virulenta y trepidante, muy satisfactoria como film de James Bond, todo un género en sí mismo.

domingo, 13 de enero de 2013

Taps (1981)


Esta película dirigida por Harold Becker, el realizador de la seductora Sea of Love (1989), es inolvidable por bastantes razones. Primero, se trata de un relato dominado por la inteligencia y la tensión, ambas de naturaleza moral y narrativa. Segundo, la atmósfera de una escuela militar forzada a declarar estado de sitio dentro de sus propios límites y de parte de sus propios cadetes, debido a su inminente cierre por motivos en absoluto respetuosos de lo que tal recinto significa como institución, es descrita con la eficacia que Becker demuestra aun en sus peores trabajos (v.g. Malice), enlazando su contenido con los diversos referentes de la literatura y del mismo cine que han dado cuenta de la vida militar al interior de colegios o bases (toda una tradición que va desde la imprescindible, y oscarizada, adaptación de la novela From Here to Eternity de James Jones hasta una obra maestra de este género como es La ciudad y los perros). Tercero, la extraordinaria situación de emergencia ilustrada con aquel sentido del drama y del espectáculo nunca se desborda, sino que en el introspectivo tono de verosimilitud desplegado las explosiones o picos de la trama asumen un mayor impacto a causa de la contención estilística --plena de emoción humanista-- que Becker imprime a un material que hubiera sido tan fácil de estropear con los golpes bajos del sensacionalismo. Finalmente, pero no en último orden de importancia, la sobresaliente dirección de actores logra un tapiz del que acaso sería injusto destacar a nadie, si no fuera porque algunos de los mejores intérpretes cinematográficos de su generación tuvieron aquí una oportunidad espléndidamente aprovechada: Timothy Hutton acababa de ganar el Oscar por Ordinary People (1980), una labor apasionante que encuentra digno reflejo en su rol de comandante de la desesperada revuelta; Sean Penn, a punto de ganar popularidad entre los jóvenes americanos a través de su excepcional rol cómico en Fast Times at Ridgemont High, debuta como uno de los personajes más sobrios de esta escuela militar y de su personal filmografía, posteriormente una exploración de caracteres que (para no salir del ejército) como su infernal soldado en Casualties of War (1989) no han sido precisamente dechados de equilibrio ético; y Tom Cruise, acaso la estrella por antonomasia de la década que se estaba iniciando, como el psicótico boina roja que sellará la tragedia, a su vez tampoco un ejemplo nada emblemático (hasta su brillantísimo Lestat, pregúntenle a Anne Rice) de la carrera más bien aparentemente ejemplar de un golden boy a quien al menos las taquillas se rindieron durante veinte años de consistente pleitesía.

 

domingo, 30 de diciembre de 2012

The Cabin in the Woods (2012)


Nota: Pulgares abajo ante otro atropello al cliente de los multicines Cineplanet. En su local de Lince (Cineplanet Risso), los ujieres que limpiaron la sala al final de la sesión de las 8:40 p.m. de ayer sábado primero encendieron la luz contigua a la pantalla mientras yo me hallaba escuchando la música de los créditos de cierre, cuya imagen enceguecida acaso mostró o no alguna escena sorpresa después del logotipo de Lionsgate. El caso es que estas personas decidieron ignorar mi solitaria presencia de espectador dedicado a la película y ajeno a la masa ausente cuyos estropicios de canchita y gaseosa trajinaban insensibles, irresponsables contribuyentes de la piratería en este país que así encuentra una razonable justificación (entre tantas otras) para su continuidad.


Persuadido definitivamente por la inclusión de esta pieza en el Top 10 de Jeremy Jahns, asistí a un espectáculo revisionista, de un humor macabro que no espanta la sensación de casi metafísica tristeza o pesar a causa del devenir del género humano, al cual por otro lado trata de auscultar en sus miedos más mitológicos y sus flaquezas menos presentables de un modo que trascienda su propia naturaleza de artefacto de consumo popular para el fin de semana --algo que logra en buena medida, aunque sin la perspectiva suficiente sobre la cual hacer posibles mayores contrastes reflexivos y oportunos debates de sobremesa. Los consumidores de canchita que me acompañaron, por ejemplo, dudo mucho que hayan podido asimilar adecuadamente la densidad de su trama entre las conversaciones telefónicas y los cuchicheos absurdos de siempre. En el nivel del espectador vulgar, pues, la película pierde su efectividad de instrumento inteligente debido a que es demasiado abstrusa u oblicua, y su impostergable crítica del medio se vuelve contra ella misma a la manera en que Natural Born Killers desapareció en la sátira que proponía de la cultura contemporánea de la violencia. Sin embargo, claro, se trata de un trabajo notable, especie de superado Scream posmodernista afecto a Lovecraft y los engendros infernales de George A. Romero o Lucio Fulci, y consciente de la paranoia global del Big Brother orwelliano que ha remplazado la Guerra Fría con estertores apocalípticos de The Truman Show, una pesadilla diseñada desde cuyo título se ironiza acerca de un género cinematográfico hecho de conspicuas matanzas texanas con sierra eléctrica y también campamentos menos enjundiosos donde las vírgenes sobreviven un viernes (que no martes) 13, y de antecedentes tan remotos como la casita confitada de Hansel y Gretel. Y no olvidemos al lobo feroz. (De hecho, los realizadores implican a una criatura enigmática como es el unicornio en la abigarrada galería de monstruos que se nos ofrece con aires totalizantes. Qué diría Deckard.)

lunes, 24 de diciembre de 2012

Starsky & Hutch (2004)


El tandem Owen Wilson-Ben Stiller se reúne con sus asociados habituales (Will Ferrell, Vince Vaughn) para filmar, en una clave cómica ya propia de la inolvidable teleserie de culto original que les sirve de base demasiado grande o intocable, la amistad de dos simpáticos y rudos policías tras los bichos más peligrosos de una ciudad gratuitamente sucia, infestada de drogas y pornografía y aun peores vicios, que en la pantalla grande pierde su detallada, cotidiana, familiar personalidad en favor de un calculadamente frío adocenamiento que deja al producto muy lejos de, por ejemplo, la totalmente imprescindible Wedding Crashers (donde ni el genio de Vaughn y de Ferrell, ni el talento sumamente carismático de Wilson, pasan en absoluto desapercibidos) o, por qué no, el mejor Stiller.