Este muy
notable melodrama romántico originalmente escrito por Rachel Field y dirigido
por Anatole Litvak para Warner --una de las compensaciones a Bette Davis por su
fallido intento de protagonizar Gone with the Wind (1939)-- es una suerte de
versión francesa de Jane Eyre (que, claro está, también inspiró Rebecca, del
mismo año) basada en hechos reales: una mujer joven (Davis, en desacostumbrado
rol de inusual fuerza moral e interior) arriba al hogar, destruido por los celos
y el mal amor (incorporados ambos por una excesiva Barbara O’Neil,
irreconocible madre de Scarlett O’Hara), de un duque (el atormentado Charles
Boyer) y sus cuatro pequeños hijos, para trabajar como institutriz, en la era
post-napoleónica de Victor Hugo. Por supuesto, la loca del desván es aquí un
fantasma diabólicamente vivo y libre, cuyas intrigas no sólo provocarán el
silencio de un idilio prohibido --comparable en aquella cualidad al de la aún
más extrema (empero no interclasista) The Remains of the Day (1993)--, sino
también la consumación del destino aciago de una familia, mientras se derrumba
otro régimen monárquico, y del de una inocencia marcada por un cierto signo de
Caín… aunque todavía podría vislumbrarse una esperanza hacia el final del
camino. Excelentes actuaciones de Davis y Boyer como la pareja de amantes
frustrados, en una realización de visos adecuadamente góticos que sabe
aprovechar particularmente el encanto de su reparto infantil (June Lockhart, Virginia Weidler, Ann E. Todd y el
angélico Richard Nichols) --de otra parte, las inicialmente maliciosas niñas de la escuela,
que dirigen su crueldad a la indefensa nueva maestra, son lideradas por Ann Gillis. La figura del generoso e irónicamente cuasi-donjuanesco pastor es
compuesta por un típicamente comedido Jeffrey Lynn. Emociones aseguradas en una producción de
probablemente vasta influencia. 5/5
lunes, 13 de octubre de 2014
lunes, 11 de agosto de 2014
Creator (1985)
Escrita por
Jeremy Leven, la historia que este film narra posee el mismo tono mágico de la
más conocida Don Juan DeMarco (1995); la dirección --de Ivan Passer-- y el reparto, así como la
concisa pero adecuadamente íntima partitura musical, confirman su carácter decididamente
entrañable. Aquí tenemos también dos generaciones que se cruzan vivencialmente,
inspirándose más mutuamente que en el caso de Brando y Depp citado: un
venerable y excéntrico científico (interpretado por otro de los grandes, el
encantador Peter O’Toole), sumergido en la utópica empresa de reproducir
artificialmente a su esposa fallecida hace un cuarto de siglo, entabla una
relación amical con su joven asistente (Vincent Spano, el co-protagonista de
Baby, It’s You), con quien compartirá una lección excepcional acerca del amor y
de la vida. La nueva Dulcinea de O’Toole (quien fue Don Quijote en Man of La Mancha y, no
sin razón, aquí llama Sancho a Spano) es Mariel Hemingway, asimismo en actitud
autorreferencial, casi parodiando sus exitosos roles en Personal Best y Manhattan --lo único reprochable
podría ser la falta de cierta química entre ambos actores; mientras que la otra damisela en cuestión es Virginia Madsen, una
de las musas eróticas de aquella década. Se trata, en suma, de una amable
joyita, de visionado obligatorio para los fans del prolífico Lawrence de David
Lean. ***/*****
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viernes, 13 de junio de 2014
La notte che Evelyn uscì dalla tomba (1971)
Previamente a su "clásica" La dama rossa uccide sette volte (1972), Emilio Miraglia había dejado ya alguna constancia de su estilo adecuado y aun sugerente en el marco del giallo italiano --que transitaba por uno de sus mejores momentos, gracias a Dario Argento y su L'uccello dalle piume di cristallo (1970)-- en este relato desigual pero, finalmente y con todo, satisfactorio. Un rico aristócrata, incapaz de superar la infidelidad de su difunta esposa, se las da de Sade y seduce prostitutas para, en la intimidad de su castillo, ultimarlas entre reliquias renacentistas y muebles de diseño; creemos inútil asegurar que Patrick Bateman debió de apreciar tal argumento cuando la película de Miraglia fue comercializada en VHS como The Night Evelyn Came Out of the Grave. Por lo demás, se trata de una producción bastante cuidada dentro de su acendrado convencionalismo: espiritismo, locura y un ambiente perversamente malsano son elementos capturados en una atmosférica y calculada narrativa que, pese a las ocasionales malas actuaciones y sus torpes concesiones a la platea, inclusive le saca partido a la belleza física de sus personajes femeninos (la curvilínea Marina Malfatti en el aparente rol de Gladys, por ejemplo) y a la cáustica ironía subyacente tras una trama tan añeja como la de la legendaria London After Midnight (1927). Inevitable es notar el descaro Morricone-esco, esperadamente eficaz, de la música incidental a cargo de Bruno Nicolai, colaborador del Maestro en el citado thriller de Argento, Teorema (1968), la grandísima Il buono, il brutto, il cattivo (1966), entre otros importantes títulos. ***/*****
lunes, 31 de marzo de 2014
Captain Phillips (2013)
Es ésta una de esas obras maestras insólitas, inesperadas en un género tan digno como es el de acción, típicamente aún poco adepto a los dramas existenciales teñidos de humanismo trascendente. Paul Greengrass y Billy Ray, director y guionista, respectivamente, logran arribar al puerto de la parábola sin descuidar el suspense ni el carácter documental que nutren al film con su mezcla propia de anécdota histórica y ambigüedad moral; para ello, los cineastas preparan al espectador con prolegómenos que apuntan hacia esa certeza de la incertidumbre subrayada por el estilo improvisatorio de un rodaje minuciosamente planeado. En la que es sin lugar a dudas una de sus más admirables proezas interpretativas, Tom Hanks es el Capitán Phillips, un marino capaz de observar la mano sigilosa e indócil del destino, cuando su navío se convierte en el primer barco mercante americano en caer en las redes de la piratería, cerca de la costa de Somalia en el Océano Índico. El líder de los desesperados bandidos es Abduwali Muse, un pescador malviviente para quien la consecución de su crimen parece ser la última oportunidad de transformar su existencia en algo que merezca ser contado; Barkhad Abdi, ganador del BAFTA por su rol, inviste a Muse con la suerte de empatía antiheroica que ha caracterizado a los villanos mejores del cine, la fatalidad de su empresa tan deudora de la de Al Pacino en Dog Day Afternoon (1975) como Abdi lo es de aquel mismo modo de llenar la pantalla con irónico naturalismo --máxime cuando se trata de un personaje con los contornos precisamente delineados para lucir como el reflejo inverso pero idéntico de Phillips, un Hanks de catadura pasmosamente vulnerable cuya metafísica de la emoción embarga al espectador hasta abrumarlo por sobre cualquier posibilidad de que su secuestrador adquiera un protagonismo incorrecto --más allá de la frase más poderosa de la película. *****/*****
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domingo, 9 de febrero de 2014
Now You See Me (2013)
En este espectacular thriller de Louis Leterrier, un grupo de ilusionistas llamados The Four Horsemen llevan a cabo asombrosos shows de la mayor escala en Las Vegas y otras ciudades notorias y notables, a cual más desconcertante e ilegal. Como una sombra quizá aun más inexplicable, The Eye, una sociedad iniciática de orígenes legendarios, pondrá a prueba la disposición lógica del FBI, ya tras las aparentemente delictivas proezas del cuarteto. Por supuesto, no se trata de The X Files, porque Now You See Me se esfuerza mucho más en lo impresionante de los efectos de la prestidigitación (comprendiendo, por cierto, también la de la cámara y el soporte fílmico) que en desentrañar honestamente esa dimensión que define a la magia como algo sobrenatural sin serlo; el corte parcialmente racionalista de la película, en este sentido, limita su acabado mismo, aunque técnicamente se puede afirmar que es un producto no sólo aventajado sino primoroso. A esto contribuyen las actuaciones de un reparto de primera y la grandilocuencia emocional del soundtrack; de hecho, Leterrier logra aquí la épica de superhéroes que su desdramatizada versión de The Incredible Hulk (2008) no fue, creando un The Avengers (2012) sui géneris y propio de un subgénero tan afín al cine y su naturaleza de artificio, como lo habían demostrado poco antes el influyente Christopher Nolan y The Prestige (2006) o, si nos distendemos para incluir además sus filosóficas relaciones con el crimen menos metafísico, Bryan Singer y The Usual Suspects (1995) --y, en el apartado histriónico de los tahúres de antaño, un título como A Big Hand for the Little Lady (1966). A destacar a Mélanie Laurent, la vengativa Shoshanna Dreyfus de Inglourious Basterds (2009), e Isla Fisher, esa inevitablemente agradable combinación de Amy Adams y Nikki Reed que conocimos en Wedding Crashers (2005), como las damas en los bandos contrarios de esta divertida fantasía escénica, literalmente escapista. ****/*****
miércoles, 1 de enero de 2014
Margaret (2011)
J. Smith-Cameron y Anna Paquin
Rodada en 2005 y estrenada seis años después a causa de conflictos creativos en su posproducción, la obra que estamos comentando fue escrita y dirigida por Kenneth Lonergan con suma habilidad para equilibrar los retos cinemáticos y humanísticos de su empresa. En la ciudad de New York un absurdo accidente de tráfico transformará por entero la vida de una muy inteligente y atractiva (pero vana y cruelmente egocéntrica) adolescente. Ésta, interpretada en toda su compleja urdimbre por una inmensa Anna Paquin, es la heroína de una historia que no se preocupa en ningún momento por perder a su audiencia debido a la mezquindad inevitable que el personaje exhibe de muchos modos pese a tener que resistir el foco de la atención de un espectador que poco a poco aprende a rechazar sus defectos como a, con paciencia, advertir el arco invisible que parece prometer una eventual redención que tal vez nunca se asome al ecran. La cruzada que Paquin emprenderá contra el chófer de ómnibus (un esporádico Mark Ruffalo, otrora genial protagonista en You Can Count On Me, también de Lonergan) tratará de servir a una autorredención diferente, honda aunque narcisista, llena de un vacío existencial tan desesperado como el que embarga a su madre actriz (un rol adecuadamente en manos de la igualmente admirable J. Smith-Cameron), la víctima principal de esta verdadera jornada desde el desamor y la indiferencia hacia la luz de la comunicación y el entendimiento --si el lector de esta nota mantiene cruzados los dedos. Película recomendable, pues, que brilla tanto en su escritura como en su dramatización fotográfica, consiguiendo un retrato singularmente realista, sin ser pedestre, de la vida. También notables en el nutrido y sólido reparto son Jeannie Berlin y un Matthew Broderick ya para siempre Mr. McAllister.
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martes, 10 de diciembre de 2013
Arráncame la vida (2008)
El mayor y la menor: "Andrés" y "Catín", protagonistas del drama de la Historia
Lejos del melodrama fácil y trivial que su título de bolero de Agustín Lara podría sugerir, la adaptación del clásico de Ángeles Mastretta que nos ocupa es una sólida producción de época, con notables interpretaciones (el admirable Daniel Giménez Cacho y la sorprendente Ana Claudia Talancón) y la fotografía a cargo del maestro Javier Aguirresarobe. Tales virtudes no obstante, la épica trama de violenta corrupción política y turbia maduración personal ambientada durante los cacicazgos posteriores a la Revolución Mexicana adolece de una cierta irregularidad dramática (ese inestable, folletinesco idilio con el director de orquesta) y, en general, de un academicismo (a veces aun torpe: véase los iniciales encuentros repetitivos de Giménez Cacho y Talancón al amparo de un umbral idéntico en el mismo lado izquierdo del encuadre, una estéril simetría) que resta vuelo al conjunto (por debajo de las 2 horas de metraje). Por lo demás, la narrativa que se despliega desde la mirada íntima de la feminista heroína de Mastretta --una niña-mujer que en su rebeldía evoca la poesía de Pina Pellicer y la empatía de García Márquez, y hasta la influencia de Scarlett O'Hara-- se sigue con intriga y fruición. (Isela Vega es la gitana que decide su destino sexual, primero, y años después, sin proponérselo, su negra viudez.)
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