sábado, 7 de abril de 2012

The Night of the Following Day (1968)


Una banda de criminales pretende dar el golpe de sus vidas al secuestrar a la hija adolescente (hermosa Pamela Franklin) de un magnate francés, cuando sus demonios personales les salen al paso. Tal es la premisa básica de uno de los films más interesantes que Brando protagonizó en su periodo oscuro de los sesentas, cuando era considerado casi como veneno en las taquillas y su reputación como estrella conflictiva capaz de arruinar toda una producción era peor (y solamente tolerada por quienes podían darse el lujo de hacerlo, entre ellos artistas como Charlie Chaplin y John Huston). El guión original del director Hubert Cornfield tenía al personaje de Brando enamorándose nada platónicamente de Franklin, pero el divo decidió hacer de su atlético y rubio chauffeur un hombre atormentado por su propia consciencia. El resultado es un thriller bastante abstracto, en el cual la psicología de la pequeña heredera es clave para la estructura temporal y un estilo visual a lo Magritte --de acuerdo con Cornfield-- que a mí más me recuerda, quizá algo caprichosamente pero también debido a ciertas circunstancias, al Cul-de-sac polanskiano de 1966. Atención al gran Al Lettieri en brevísimo e ingrato papel (también produce la cinta) y a los primerísimos compases del score firmado por Stanley Myers: premoniciones delirantes de The Godfather.