sábado, 29 de agosto de 2015

Velvet Goldmine (1998)


Oscar Wilde es el padre alienígena que hereda un broche de esmeralda a su hijo predilecto, David Bowie…, err, ahem, Brian Slade (Jonathan Rhys Meyers), en esta sentida, excelente oda al glam rock vuelta himno a la individualidad y la expresión artística, dirigida por el experto Todd Haynes. 1984: Diez años han transcurrido desde que la carrera de Slade concluyó súbitamente, debido a un equivocado movimiento estratégico: la espectacular muerte por asesinato, en plena actuación en vivo, de su alter ego, Ziggy Stardust… Ok, Maxwell Demon. Un reportero liado con los eventos y sus protagonistas (Christian Bale) descubrirá que todavía le queda mucho por conocer de la era, y acaso aun de sí mismo.

Bale y Haynes, actor y autor

Haynes recurre a una narración fragmentada para revelarnos el misterio de Slade, en parte inspirada (incluso basada) en Citizen Kane, en parte producto de su estro particular, como se ha visto, por ejemplo, en su épica, y más complicada/compleja, biografía de otro poeta musical, Bob Dylan (sin el disfraz de un nombre diferente), observado en su dual condición de hombre y símbolo, I’m Not There (2007). De hecho, Haynes no termina armando el enorme rompecabezas en ningún caso (ni Dylan ni el camaleónico Bowie salen de las sombras del genio), pero es que no se trata de seguirle la pista al Rosebud trágico de una superestrella pop, sino de explorar la estética de su personalidad. Al igual que Dylan en I’m Not There, el Bowie de Velvet Goldmine emerge de su propio mito para recordarse a sí mismo, y el niño distinto, apartado, dichosamente único es el espejo que nos mira sin lucir las grietas.


Acorde con el fenómeno londinense que Lennon alguna vez definió como “rock ‘n’ roll con lápiz labial”, la película exhibe una lujosa, adecuadísima fotografía que no delata el corto presupuesto de su producción. El guión tuvo que ser reescrito cuando Bowie amenazó con demandar judicialmente a los cineastas, así que personajes como Iggy Pop y Lou Reed se (con)funden en la piel de Ewan McGregor como Curt Wild, una entidad que además de ocasionalmente incluir a Mick Ronson, también alude a Mick Jagger. En el rol de Mandie Slade (por supuesto, Angie Bowie, la Angie de los Stones), Toni Collette se muestra tan atractiva y real como Rhys Meyers (en su primer trabajo importante) etéreo y sexual. (El actor, de sólo 19-20 años de edad durante la filmación, encarnaría después a Elvis en la autorizada miniserie de 2005.) Producen Christine Vachon (responsable de, entre otras, The Notorious Bettie Page, la apostillada I’m Not There, la aún sin estrenar, no-oficial secuela de Welcome to the Doll House titulada Wiener-Dog) y Michael Stipe. En el variado e idiosincrásico soundtrack, un reticente Bowie no puede evitar el “Satellite of Love” de la homosexualidad como representación, subversión y estilo, desde Alice in Wonderland hasta The Wizard of Oz, pasando por Cabaret, si queremos limitarnos al cine cuyo ascendiente fue advertido en un glam de germánicas postrimerías. 4/5

          "Iggy Pop" y el pionero "Marc Bolan"